El kiosquero de Benicassim

  • El: 03.04.2013 14:31:36

Nuevo artículo reeditado de Matías Antolín, escrito para el Diario Palentino en Julio del 2005 y dedicado al Palasiet y al análisis del periodismo actual.

En estas fechas, unos años espero sin saber a quién y otros huyo sin saber de quién. Acabo el año laboral borracho de morriña y siempre con sed de mar. Cada verano es un plazo que la vida me da. Aunque si viviera en el paraíso no me gustaría ser la serpiente, pláceme cambiar de piel cuando la canícula me sofoca el ánimo.

Me atraen esas playas que festonean nuestro litoral. Se lleva la palma la de Benicassim entre El Palasiet y el apartamento de Jimena Bañuelos (pasado el Torreón). En este rincón de Costa Azahar habitan mis placeres estivales. Soy más veraneante que turista. Los caballos no compran periódicos. Yo no puedo vivir sin ellos. Cada mañana, como una liturgia de paseillo torero, me pateo el Paseo de las Villas, donde tiene su kiosco Jorge Malo.

 

Un buen tipo. Un fósforo de Carlos Herrera. Un estupendo argentino afincado hace años a orillas del Mediterráneo. Juntos charlamos cada día del sensacionalismo de algunas primeras páginas, de esos grandes titulares a cinco columnas desde donde se vende el espectáculo de la noticia, el morbo del suceso. Existen diarios más amarillos que la hepatitis B. Me cuenta Jorge que hay gente que se compra un periódico por la misma razón que los indios comanches llevaban una pata de conejo colgada del cinturón, como tótem, como fetiche. Hablo con él de los vicios de mi profesión. Como el amiguismo, el compadreo con los políticos, la ausencia de periodismo de investigación, esa tendencia a quedarse en la anécdota, insuficiente aportación de pruebas, excesiva voluntad de influir...El bueno de Jorge Malo me reprochó un día que los periodistas nos estamos convirtiendo en funcionarios de la información. También me comenta que el periódico es un producto antiguo que debe evolucionar porque Internet viene pegando fuerte. Tiene razón, aunque esto no significará el fin de los periódicos ni de la radio ni de la televisión, pero sí está cambiando el sujeto receptor en la comunicación. Le digo que si este artículo lo hubiera publicado en la red, no sería necesario su kiosco.

Cada mañana, cargo mi mochila de periódicos y regreso a mi Hotel Balneario, mi casa, mi familia de verano, mi paisaje humano. Entrar en El Palasiet, mi preferido desde hace casi diez años, es sumergirme en mi mejor terapia. Sueños de seducido. La familia Farnós de los Santos (Teresa, Chimo, Pablo, Joaquín, Vicente, Treisi, Antonio...) han creado un ambiente insuperable, un torrente de placer para los sentidos mediante la utilización de la naturaleza como fuente de belleza. La palabra relax impregna este confortable lugar donde combato tensiones, borro el estrés y estimulo mis puntos aletargados. Aquí encuentro el bálsamo contra mi ansiedad, la mejor dieta estética y el mejor baño natural en las mejores aguas termales de España. En El Palasiet he gestado mis últimos libros: "Operación serpiente -De la ETA a la Meca-" y "A cada fósforo, su guinda-Escrito en el viento-". Me siento como en una placenta de lucidez. Lástima que uno no sea endémicamente lúcido.

Cuando llego al kiosco de Jorge, éste ya ha leído mis erratas. Le cuento que pertenezco a esa turba que configuran figuras y figurantes. Cohabito con excelentes periodistas, pero también con inquisidores, intolerantes, mercaderes de palabras, tiranos de la información, predicadores, gacetilleros cagatintas, cotorras de alcoba...

Le despido y voy a darme un tonificante Baño Niágara. Pablo y Joaquín Farnós logran que mi flácido pensamiento flote en aguas hipotermales, mi verbo se tonifique con los hidromasajes, mi adjetivo mire a musas de carne y hueso bajo una ducha circular y me relaje envuelto en barro de algas. Este hotel spa es ese oasis que encuentro en mi travesía del desierto. Claro que los que leen alguno de mis artículos pensarán que tengo celulitis cerebral. Quizá debería lavarme el cerebro, que es lo más sucio que tengo. Mi kiosquero Jorge sabe que en El Palasiet busco y encuentro sosiego y tranquilidad. Por este jardín de las delicias ando estos días con la barba sobre el hombro, soñando despierto. En este complejo termolúdico, sito en una de las mejores ubicaciones en la Costa Azahar, a la orilla del mar, a la sombra de los pinos, se respira una atmósfera de sosiego y el cliente es el protagonista principal.

También hablo con Jorge de la concentración de medios como una realidad inquietante. De cómo se disfraza de información la propaganda desde los gabinetes de comunicación, de que la transparencia de los asuntos públicos es la única garantía de la vigencia del sistema democrático y que el servicio a la verdad ha de ser el máximo compromiso de los periodistas. El periodismo es demasiado importante para dejarlo en manos de empresarios (y de los kiosqueros). Practico todos los géneros periodísticos menos la adulación al Poder. Lo siento, amigos lectores, no soy tan diplomático de decir "bonito perro" hasta que encuentro una piedra. Después de tantos años de periodista, he llegado a la conclusión de que no se puede ser aséptico y uno se moja, se implica en todo lo que cuenta. El columnismo es la ciencia ficción del día.

Cada año, coincidiendo con el FIB (encuentro musical que me fascina), vuelvo a este lugar para encontrarme con buenos amigos como Melchor Miralles, Almudena Ortíz, Juanjo Güemes, Adriana Fabra, Rosa y Paco Bañuelos, Miguel y Lali, etc... El kiosquero de Benicassim, mi amigo Jorge Malo, me espera como las sirenas varadas a la orilla del mar.