El Palasiet, por Javier Algarra

  • El: 29.08.2013 07:00:35

Artículo aparecido en “La Gaceta” el pasado 18 de Agosto, donde el periodista Javier Algarra nos habla de lo que supone veranear (que no pasar el verano) en el Hotel Palasiet.

Dice mi admirado Alfonso Ussía que una cosa es veranear y otra muy diferente, pasar el verano. Esto último, pasar el veranos, se puede hacer en cualquier sitio, sufriendo las aglomeraciones del turismo y los rigores del calor.

Solo veranean quienes descansan en el norte o en las zonas montañosas, los que se van a Comillas, se dan un daño de ola en Santander o disfrutan de la brisa en San Sebastián. Práctica tan recomendada por los médicos de la época por aquello del yodo y la circulación, que causó profunda mella en Alfonso XII, e hizo llevarse el palacio segoviano de Riofrío un enorme carromato con barriles rebosados de agua del Sardinero.

Pero hoy existen otros lugares que ofrecen tales beneficios sin necesidad de llegarse al Cantábrico. Es el caso de El Palasiet, un paraíso enclavado en la roca, asomado a las playas de Benicàssim, rodeado de pinos y envuelto en el encanto de un remanso de paz, tranquilidad y sosiego capaz de provocar una experiencia mística que abre los sentidos al descubrimiento, el de la naturaleza y el de uno mismo.

Creado a principios de los setenta por el doctor Joaquín Farnós, Ximo, El Palasiet es un centro de talasoterapia que combina la proximidad al mar, la utilización de sus aguas saladas, la supervisión médica, el personal cualificado y las instalaciones más modernas para convertirse en templo de culto al cuerpo, la salud y la belleza, pero sobre todo, al espíritu.

Griegos y romanos conocieron los beneficios del agua del mar. La moderna denominación de Spa procede, según algunos, del acrónimo latino “Salus per Aquam”, o según otros, de la villa del mismo nombre, Spa, enclavada en Bélgica y conocida, ya en el Imperio Romano, por los beneficios de sus aguas termales. También los romanos bautizaron como Bath (baño) a una ciudad del condado de Somerset, en Inglaterra, popular por sus termas. La expresión talasoterapia la empezarían a utilizar los médicos franceses a mediados del siglo XIX, combinando las partículas thalasso (mar) y therapeia (cura).

Ilustres intelectuales han encontrado en El Palasiet la guarida perfecta para desatar su creatividad. Es el caso deMatías Antolín, que se refugia en este remanso de tranquilidad para escribir sus libros. Junto a la playa de Voramar, es como un barco de lujo que navega sobre el Mediterráneo, dice Antolín, desterrando del imaginario colectivo la errónea percepción de que los hoteles balnearios son “una especie de ghetto para ancianos”. La excepcional riqueza del medio marino y sus aguas, con sus oligoelementos y sales minerales, contribuye eficazmente a paliar las carencias del organismo por medio de procesos osmóticos. Y el beneficio de esos tratamientos, junto al placer de contemplar el Mediterráneo rodeado de pinos, subyugado por la brisa y la relajación, lleva a cualquier alma mortal hasta las puertas mismas de la perfección. Ya los clásicos sabían que no es lo mismo veranear que pasar el verano. Debieron imaginar El Palasiet.