Talasoterapia en El Planeta Azul

  • El: 03.03.2009 18:08:25

Una de las grandes paradojas de la civilización humana es denominar La Tierra al planeta que habitamos. Esta es una muestra del egocentrismo humano como especie. Sólo el 30% de la superficie del planeta es tierra firme y el resto es agua que conforma los mares, océanos, ríos, lagos, embalses y las grandes regiones heladas del Ártico y el Antártico. También denominamos a nuestra querida Tierra el Planeta Azul, no sólo porque es una realidad es evidente sino también por la extraordinaria impresión que causa el intenso dominio del más bello color azul.

 

El hombre ansía descubrir nuevos mundos, volver a pisar la Luna y comprobar la existencia del preciado liquido elemento en el Planeta Marte, y mientras tanto el mar conserva intactos sus más misteriosos secretos. Puede que sea mejor así. De momento, el mar y las especies que en él habitan sufren cada día la agresión continua de nuestra sociedad.

El mar mantiene sus secretos, muchos de ellos escondidos pero otros olvidados. Desde tiempos remotos, todas las culturas vieron en el mar un recurso accesible para curar sus dolencias. Esta utilización terapéutica alcanzó su punto culminante en 1750 cuando un sabio médico ingles, el doctor Richard Russell publicó el tratado médico que iba a cambiar y revolucionar, no solo la prescripción terapéutica para muchas de las dolencias crónicas de la sociedad europea, sino que su impacto iba a cambiar radicalmente las costumbres y economías de la sociedad europea hasta la Segunda Guerra Mundial. Ciudades balnearias en la costa y  la oferta de vacaciones terapéuticas se irían imponiendo progresivamente a lo largo de dos siglos.

 

Fue el impacto de los productos farmacológicos los que hicieron caer en recesión la utilización del mar. Pero pese a esta circunstancia derivada del progreso de la ciencia, dos efectos irrumpieron en el panorama de las terapias de salud y han perdurado hasta nuestros días. Son las llamadas  ciudades vacacionales junto al mar y la necesidad de la sociedad de emplear parte de su tiempo en descansar. Es, claro está, el fenómeno del turismo que hoy, en el umbral del siglo XXI, se ha universalizado hasta extremos insospechados hace sólo unas décadas.

Otro factor ha tener en cuenta es el de la fisiología. Será por casualidad o quizás por una de esas extraordinarias coincidencias que tiene la vida, pero el  70% de nuestros cuerpos está formado por agua; agua con un extraordinario parecido al agua marina. Agua que es casi idéntica en su composición y condiciones de isotonía. La primera célula se creó en el mar y en consecuencia no es casual que ninguno de los elementos patógenos que afectan a las personas se desarrolle en el medio marino.

Hoy, estamos empezando a redescubrir el valor del mar, el valor en todos los sentidos. Es la fábula que también describe la película Cocoon, de Ron Howard (20th Century Fox, 1985), en el que el agua es el elemento que regenera los viejos cuerpos humanos. En un mundo cambiante y en permanente evolución, son evidentes los desastrosos efectos provocados por la acción humana en la naturaleza. Afortunadamente, la percepción del perjuicio producido, cada vez más generalizado en la sociedad, es una muestra del creciente interés del ser humano por hacer algo que detenga le progresivo deterioro del medio ambiente y el creciente calentamiento global del planeta. Así,  se están aplicando las medidas correctoras y preventivas que pueden minimizar los impactos de grave afección medioambiental y ecológica, estableciendo planes de regeneración que permitirán retornar a los estados de equilibrio. El protocolo de Kioto y los recientes acuerdos de las naciones del Mundo deben obligar a todos a cumplir con las medidas correctoras que nos hemos autoimpuesto los humanos. Y ese ecosistema planetario, el mar nos asombra con su poder de regeneración, su enorme capacidad de reponerse incluso a las más extraordinarias agresiones, como las mareas negras y como semillero que es de la vida en todos sus ciclos.

 

Cuando en el año 1966 el Doctor Joaquín Farnós Gauchía, junto al médico francés Maurice Jorda y el financiero Jean Mahé, eligieron Benicàssim para construir el primer Centro de Talasoterapia en Medio Marino de España, y posteriormente el Hotel Termas Marinas El Palasiet, no eran conscientes que su semilla tardaría casi 35 años en germinar, pues no ha sido hasta principios de esta década cuando se han ido desarrollando establecimientos de talasoterapia a lo largo de los 7.880 kilómetros de costa de nuestro país. Desde aquel Centro Termalismo, modélico por tantas razones,  se plantearon las bases de los tratamientos terapéuticos marino, de forma que la talasoterapia ha tenido, en los últimos años y en nuestro país, una modélica implantación.

 

En España, desde la Sociedad Esapañola de Talasoterapia, promovemos la importancia y la utilización del agua de mar como recurso terapéutico. Nuestros establecimientos, ubicados a lo largo de todas las costas españolas, ofrecen las más modernas instalaciones en las que trabajan los más cualificados especialistas en tratamiento marinos específicos de gran calidad. Nuestros centros tienen como objetivo estratégico el desarrollo innovador de nuevos usos curativos del medio marino y la promoción de una nueva cultura conservacionista de nuestros litorales y nuestro mar, conscientes de que es ésta es nuestra mejor apuesta de futuro.

Los científicos e investigadores buscan en el mar nuevos remedios para las enfermedades que nos azotan. Las algas y las sustancias segregadas por especies del medio marino como los corales o algunas especies marinas demuestran la importancia de estas líneas de investigación.

La talasoterapia, que no es más que la utilización con objeto preventivo o curativo de las virtudes terapéuticas del agua del mar y otros elementos del medio marino como las algas, los limos y el clima, va a gozar en los próximos años de una gran expansión tanto en las técnicas utilizadas como en las diferentes patologías a las que va destinada. Las líneas de investigación y la utilización de nuevos recursos asociados al mar favorecerán este nuevo auge. Por esta razón es fundamental respetar el medio que nos facilita la materia prima que hace realidad la talasoterapia.

Sabios y científicos ven en el mar la solución a muchos problemas de la humanidad, no solo como remedio para luchar contra muchas enfermedades, sino también como alternativa a los problemas del hambre por las características nutritivas de muchas de las especies marinas. Además, los científicos intuyen los misterios inaccesibles que las profundidades del mar ocultan. Así probablemente asistiremos, en los próximos años, a un redescubrimiento del mar y a una nueva relación con nuestro recurso mas abundante y mas desconocido. Este es el camino correcto y no vamos a permitir que se mantiene la paradoja y no seamos capaces de ver que la solución la tenemos próxima, justo en el mar. Y sólo así el Planeta Tierra seguirá siendo el Planeta Azul.

 

Joaquín Farnós de los Santos.

www.palasiet.com

www.sociedadespañoladetalasoterapia.com