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| COLUMNA DE MATIAS ANTOLIN PROGRAMA "LA MAÑANA", de Luis Herrero. Cadena COPE. lunes, 30 de enero de 2006 |
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En un lugar de la Costa Azahar, de cuyo nombre sí quiero acordarme- Benicàssim-, hay un rincón con rumor de agua marina y aroma de amistad donde busco y encuentro los mejores momentos del año. Por allí ando todos los veranos con la barba sobre el hombro, soñando despierto. Borges imaginaba el paraíso como una gran biblioteca, yo me lo imagino como el sitio donde veraneo. Escribo del prestigioso hotel benicense “El Palasiet”, entre la luz de Sorolla y la penumbra de Solana. Estoy en posición “descanso”. Somos tan necios que llamamos “horas extraordinarias” a las que pasamos trabajando “extra”. Uno cree que las horas “extraordinarias” deberían ser las que estamos leyendo un buen libro, charlando con los amigos o relajándonos en un balneario. ¡Ya me dirán que tienen de extraordinario las horas que uno pasa trabajando! En este lugar de cine me siento un extra de película de Visconti. Es el quinto año consecutivo que veraneo en “El Palasiet”, el exquisito y confortable hotel-balneario de Termas Marinas, donde el cliente es el protagonista principal. Posee una de las mejores ubicaciones en la Costa Azahar, a la orilla del mar, a la sombra de los pinos. Se respira una atmósfera de sosiego, tranquilidad, paz y cordialidad. Desde que en 1970 el doctor Farnós (ex consejero de Sanidad -el mejor- en el Gobierno de la Comunidad Valenciana) inauguró este establecimiento, pionero en Talasoterapia, ha experimentado unas mejoras sensacionales con su decidida apuesta por el futuro que dinamizan con acierto e ilusión los hermanos Joaquín y Pablo Farnós, que desean seguir manteniendo el liderazgo en España dentro del turismo de salud. Quiero, querido Luis Herrero, ponerme en forma, lo necesito para seguir este ritmo de trabajo que me imprimes. Aquí paso de un pesimismo inmóvil a un optimismo activo. Hay en “El Palasiet” armonía y silencio. Me imanta pasar aquí una temporada para cargar las baterías entre amigos. Me satisface el tratatamiento que ofrecen en un ambiente entrañable y humano. A mi espíritu le conviene el reencuentro conmigo mismo. La gente tiene prisa ahí fuera; algunos sólo se paran a charlar el tiempo justo para despedirse. Hay que inventar una vacuna contra la estupidez humana. Observo que ningún imbécil se queja de serlo, así que les debe de ir muy bien. ¡Cómo suena el silencio cuando callan los necios!. Cuando estoy en este hotel-balneario siento que mi pensamiento no tiene la misma edad que mi cuerpo, es más joven. En este jardín de las delicias, mi adjetivo flota en aguas termales mientras me relajo con mis duchas cervicales, mis hidromasajes de algas, baños de barro, presoterapia, dieta dietética.....La familia Farnós, los encantadores Teresa, Chimo, Pablo, Tresi, Vicente, Joaquín, Antonio, ...nos ofrecen generosamente todos los años a mi esposa Ingrid y a quien escribe un homenaje culinario en su chalé de Las Playetas con una sabrosa paella que me trae a la memoria estos versos de Pemán: “Oh, insigne sinfonía de todos los colores / oh, la ilustre paella / por fuera con su blusa de colores / quemadita por dentro con ansias de doncella”...No puedo no decir que en “El Palasiet” hay una cocina de primerísima división, un placer para los sentidos del paladar. La simpatía y cordialidad del maître Oscar Gras hace aún más apetitosa la comida. El doctor Portolés y su ayudante Yolanda me ponen el cuerpo de jota rebajándome la tensión. Necesitaría otro folio para describir lo que siento por Elena Beltrán, Cristina García, Lourdes Román, Sonia Sanz, Elia, Mar.....Poseen un encanto contagioso que hacen que te sientas a gusto en todo momento y situación. Pedro Borque es el mejor fisoterapeuta que conozco, y haylos muy buenos en este Hotel de Termas Marinas. Luisa Martín, una artista esthéticienne con mucho salero me envolverá en algas, me hará limpieza de cutis y me recordará que la piel es la funda de nuestro cuerpo, a la que hay que cuidar. Mi flaco pensamiento y mi gorda estulticia mejoran notablemente. Al llegar, me miro de reojo y veo cómo mi panza parece una rueda de Michelín ( por no decir que asemejaba la barriga de Luis Herrero, cliente también de este lugar) Quería decir que estos tratamientos me vienen que ni de molde. Cuando me voy de aquí es como si saliera de un chiquero de emociones; mi verbo no se queda en el burladero, sale al encuentro del papel blanco para citarme con la escritura en el redondel imaginario. Siempre encuentro un motivo para volver a este hotel de cuatro estrellas, a la que yo añado otra, Teresa de los Santos, (a tal señora, tal honor); ella ha sido la “estrella” que ha sabido iluminar con su sentido de la estética este hermoso espacio para soñar la vida y vivir los sueños. |
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